Uno de los métodos de relajación o de disciplina física y mental que más está en auge en estos tiempos es el yoga. Por tal razón, muchas personas se apuntan a estas clases con fines deportivos o terapéuticos desconociendo que se les está iniciando en una espiritualidad de corte oriental y que, en el caso de los católicos, contradice totalmente la doctrina cristiana.
En su obra “New Age: El desafío” el Padre Gonzalo Len define el yoga asi:
“voz que metafóricamente designa el método o programa de dominar las fuerzas corporales y mentales a fin de alcanzar la armonía y unión con el yo mismo, con los demás, con el universo y con lo divino, de modo que pueda librarse al alma de las pasiones del cuerpo. El yoga admite en el hombre cinco clases de cuerpo, desarrollando una antropología subyacente íntimamente relacionada con el paradigma de la New
Age.”
En la propia definición vemos claramente que es una disciplina relacionada con la Nueva era, y que prescinde del concepto de “Dios personal” en el que creen los cristianos. Por otro lado, se ve claramente cómo se enseña a que el hombre por si solo puede llegar a unirse con lo divino, con el resto del universo, lo que se conoce en filosofía como “monismo” que evidentemente nada tiene que ver con el cristianismo y sus principios contradicen la fe cristiana.
En Occidente fue introducido por la Sociedad Teosófica, tengamos en cuenta que esta sociedad fue dirigida por masones, por lo tanto, el yoga pudo perfectamente ser introducido en occidente por los masones, como una manera de combatir el cristianismo.
Por otro lado, la finalidad del yoga no es relajarse, ni el bienestar físico, sino conseguir la iluminación que es una “vía de perfección” que consiste en ochos pasos, y que hace que la persona alcance el nirvana que significa “eliminar el sufrimiento” y también busca la “unión con Dios”. Esto último es muy importante, pues en la sociedad que estamos viviendo se busca prescindir de todo sufrimiento, por lo que, no se entiende ni se desea tener dolor, es por eso, que el yoga es una terapia muy solicitada y muchos acaban practicándola. Los hinduistas al igual que los budistas, no tienen una teología del sufrimiento como si tiene el cristianismo, esa carencia de poder explicar el sufrimiento lleva a buscar métodos para “eliminarlo”.
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