lunes, 6 de octubre de 2025

La meditación oriental al vaciarnos facilita la entrada del demonio:

 

 La meditación que lleva a vaciar la mente, deja nuestra casa espiritual limpia de todo pensamiento, y lo hace un lugar propicio para que entre el demonio o tenga actividad demoniaca. Recordemos que el vaciarnos de pensamientos, implica que no los llenamos con Dios, porque para estos métodos Dios no importa, lo importante eres tu y la sensación de paz que tienes, por lo tanto, sino estas lleno de Dios ni de su gracia, puedes ser propenso a las posesiones demoniacas. Exorcistas han narrado casos de las mismas. Recordemos este texto del Evangelio:



43Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo, y no lo halla. 44Entonces dice: Volveré a mi casa de donde salí; y cuando llega, la halla desocupada, barrida y adornada. 45Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero. Así también acontecerá a esta mala generación. Mateo 12, 43-45

En este texto se nos describe como actúa un espíritu inmundo cuando sale del hombre, busca lugares de reposo, pero al no encontrarlos vuelve a su casa, es significativo diga de donde salió, es decir vuelve al hombre, vuelve a poseerle, esto se debe a que encuentran la casa desocupada, o sea vacía. Este es el peligro que trae el vaciamiento, abrimos puertas al demonio y él, que esta como león rugiente, nos acaba devorando.

          La meditación cristiana se centra en Dios, la oriental en uno mismo:

Esto es algo en el cual nos insiste mucho el documento de los obispos españoles:

11El deseo de encontrar la paz interior ha favorecido la difusión de la meditación inspirada en el budismo zen en muchos ambientes de nuestra sociedad 8. No podemos entrar aquí en un análisis de las diferencias entre las distintas corrientes. Aludiremos, más bien, a algunos elementos comunes. En primer lugar, la reducción de la oración a meditación y la ausencia de un tú como término de la misma convierten este tipo de prácticas en un monólogo que comienza y termina en el propio sujeto. La técnica zen consiste en observar los movimientos de la propia mente con el fin de pacificar a la persona y llevarla a la unión con su propio ser. Entendida así, difícilmente puede ser compatible con la oración cristiana, en la que lo más importante es el Tú divino revelado

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